Cuatro familias, un mismo espíritu: hospitalidad, naturaleza y encuentros compartidos al pie de las sierras.

La provincia de Córdoba promueve, a través de la clase Hostal, la recuperación de antiguos cascos de estancia con relevancia histórica y arquitectónica, adaptándolos para el alojamiento turístico.
A diferencia de un hostel —orientado a un formato más informal y compartido— un hostal combina servicios de hotelería con el encanto y la identidad de construcciones históricas recuperadas. Esta clase se clasifica hasta tres estrellas, y nuestro complejo alcanza la máxima categoría gracias a la calidad de sus instalaciones y servicios.
Distintas familias, un mismo lugar: cada una dejó su huella sin perder la esencia original.
Enamorado del paisaje y del río, el Dr. Meana llega a Nono y construye esta casona pensada como refugio de salud y descanso.
La propiedad pasa a manos de estos inmigrantes europeos, que le dan vida al lugar convirtiéndolo en un espacio lleno de encuentros: veranos con niños, aprendizaje y naturaleza.
La casa es habitada por la Congregación San José, que la utiliza como espacio de retiro y actividades comunitarias, dejando una huella muy recordada en el pueblo.
La familia Asís toma el desafío de transformar La Gloria en un emprendimiento turístico, inaugurando el hostal en 1995 y construyendo su identidad basada en la hospitalidad, la gastronomía y los encuentros culturales.
Con los años, distintas familias continuaron su gestión, manteniendo siempre el espíritu cálido y familiar del lugar.
Hoy, la familia Asís retoma el desafío de seguir escribiendo la historia de La Gloria, conservando su esencia: un espacio con historia, naturaleza y experiencias compartidas.
Cuatro etapas y más de cien años: así llegó La Gloria hasta hoy.
En el año 1922 se radicó en esta zona un médico de apellido Meana que, en la búsqueda de algún terreno donde construir, llegó hasta este lugar. Enamorado del paisaje que lo rodeaba y, sobre todo, de la belleza del río, en el que descubrió verdaderos baños naturales ideales para la recuperación de la salud física y mental de sus pacientes, adquirió la propiedad dándole el nombre de La Gloria.
En el mismo año comenzó la construcción de la casona, teniendo la precaución de hacerlo sobre la loma que tenía el lugar, con lo que obtenía una excelente vista y evitaba futuros inconvenientes con las crecidas del río. Paralelamente se realizó la forestación de plátanos carolinos: muchos de ellos hoy decoran, como apacibles sombras naturales, el parque del hostal.
Se utilizaron materiales de construcción de la zona, fundamentalmente la piedra bola, con la que se cimentó la casa en una excavación de aproximadamente 1,5 metros.
De esta etapa se conocen pocos detalles. Lo que se sabe por tradición oral es que el Dr. Meana, en el año 1935, decide venderla: razones profesionales lo obligaban a irse a otro destino.
En el año 1935, aproximadamente, el Sr. León Nomis y su esposa, Edith Engelbrecht, la adquieren. Ellos recién llegaban de Alemania: la guerra (por ser alemanes judíos) los había empujado obligadamente hacia los destinos de América. Se radicaron en la ciudad de Buenos Aires y comenzaron la búsqueda del lugar que, definitivamente, elegirían para vivir. Fue tan grande el impacto al conocer el lugar que no pudieron hacer otra cosa que conservar el nombre original: La Gloria.
De esta etapa se sabe que el Sr. León Nomis era comerciante: vendía productos de todo tipo, que llevaba en carretas por toda la zona. La mercadería la traía en tren desde Buenos Aires y se destacaba por lo novedoso. Sin embargo, todos recuerdan a su mujer, doña Edith: fue quien le dio vida a la casa. Niños de la capital llegaban año tras año para veranear en este lugar, que se había convertido en lo que hoy llamamos una escuela de verano: los niños aprendían idiomas y vida en la naturaleza.
Las copas de los plátanos son testigos de todo cuanto ocurrió y, seguramente, hoy, con el correr de nuestros visitantes, recuerdan aquella época de brillo de La Gloria.
En el año 1966, el matrimonio, ya mayor, decide irse a vivir a Mina Clavero y pone en venta La Gloria. Los restos de doña Edith y de don León descansan en el cementerio de Nono.
Allá por el año 1966, una congregación de religiosas que aún hoy reside en nuestro país adquiere la propiedad con la intención de tener un lugar de descanso en vacaciones, no solo para las integrantes de la institución, sino también para las alumnas de los colegios San José que ellas regenteaban. La congregación lleva el nombre de San José de Cultura y Beneficencia.
Esta época es muy recordada por los habitantes del pueblo y de la región en general. Cada verano, la casa se llenaba de jóvenes de “hábitos blancos” que, como novicias, llegaban a hacer retiros. Las recuerdan caminando por la hoy avenida Los Porteños. La iglesia San Juan Bautista, para esos días, contaba con el coro angelical de las novicias.
Las hermanas ofrecían a la comunidad talleres de manualidades y grupos de oración. Una de las hermanas más queridas en el pueblo fue Ignacia, que por años vivió en Nono, en la casa María Inés, a pocos metros de La Gloria, sobre Los Porteños.
Como dato anecdótico, en el año 2023 alumnas del Colegio San José de Buenos Aires se hospedaron en el hostal para recordar los 50 años del viaje de estudios que habían disfrutado en el mismo lugar.
La casona, en época de las hermanas, también supo ser alquilada con fines turísticos en las épocas en que ellas no la usaban.
El 31 de diciembre de 1990, el predio es adquirido por la familia conformada por Daas Asís y Ema Duje, inmigrantes sirios residentes en la ciudad de Villa Dolores. Tres meses antes, una de sus hijas, Adriana, volvía al país después de vivir casi tres años en España, donde se había especializado en turismo y hotelería. La joven traía ideas del viejo continente. La intención era radicarse en el valle de Traslasierra para instalar un establecimiento hotelero familiar, y así surge la idea de hacerlo en Nono. Coincidentemente, la Congregación San José de Cultura y Beneficencia ponía en venta La Gloria.
Conservando el estilo arquitectónico de la casa, comenzaron las obras de adecuación. Un 31 de diciembre de 1995 se inauguraba oficialmente el Hostal La Gloria. La designación de la clase hostal, contemplada en la Ley Provincial Hotelera de Córdoba, hacía referencia a un lugar con valor histórico y arquitectónico. Para esa fecha se ofrecían al turismo 4 habitaciones en planta baja y 3 en planta alta. Año tras año, administrado por Adriana Asís, se fueron habilitando otras habitaciones hasta quedar un total de 16, a lo que se agregaron otros servicios en el parque, como la piscina con solárium y la cancha de tenis, entre otros.
Esa época se caracterizó por las conocidas noches temáticas, donde a la gastronomía la acompañaban espectáculos. Los miércoles se rendía homenaje a Italia, con pastas caseras y un tenor. Los viernes, la noche criolla: humita, locro y empanadas acompañaban a los guitarreros y cantores. Pero, definitivamente, las más reconocidas eran las noches árabes, con una selecta gastronomía de los antepasados familiares y bailarinas. Los domingos al mediodía, el propio don Daas hacía el asado para los turistas; luego lo reemplazó el Maco, pareja de la propietaria, que también deleitaba con la guitarra. La pareja tuvo dos hijos, Nicolás y Rosario.
Los budines de doña Ema se servían en la mesa de los desayunos; los más típicos, los de nuez con dulce de membrillo.
En el año 2007, Adriana es convocada para trabajar en la Municipalidad de Villa Dolores, a 47 km de Nono; ya habían nacido los hijos de la pareja, Nicolás y Rosario. Esta circunstancia hizo que, para 2010, se pusiera en alquiler el establecimiento: Nora Badra y su marido, Guillermo Besso, se hicieron cargo de la administración hasta el año 2024. Guillermo y Nora, junto a sus hijos Nico y Naty, trabajaron el hostal como propio; Nora, excelente cocinera y con una habilidad especial para las plantas. A ellos les siguió, en las temporadas 2025 y 2026, la familia Ossela Fernández, que mantiene la misma familiaridad que caracteriza al complejo: Diego Ossela, conocido basquetbolista de Atenas (Córdoba), y Marisol Fernández, conocida de Adriana desde hace muchos años, junto a sus hijos, principalmente Santiago y Lucas, le dieron un carisma especial.
Nuestro complejo, desde su inauguración, mantuvo un estilo arquitectónico rústico y una decoración muy sencilla. El valor agregado siempre fue la atención y el esmerado servicio. El imponente parque de 3 hectáreas y la bajada al Río Chico de Nono, junto con la simplicidad que nace con sus comienzos, hacen del lugar un espacio mágico donde propietarios y huéspedes comparten experiencias a diario.
A partir de agosto de 2026, Adriana Asís, junto a sus hijos, Nicolás y Rosario Cuestas Asís, retoman la administración del Hostal La Gloria.
"Un espacio con historia, naturaleza y experiencias compartidas."Familia Asís · Hostal La Gloria
Conocé nuestras habitaciones y cabañas, o escribinos directamente para coordinar tu estadía.